Con sorpresa, he visto como muchas personas parecen pensar que la seguridad democrática no ha sido efectiva en disminuir el conflicto. Más aún, hablan de como las cosas han empeorado. Esto es lo que yo recuerdo:
Yo recuerdo despertarme en las noches ante el sonido de una bomba. Recuerdo como amigos y familiares de mis amigos, eran secuestrados por la guerrilla, cada año. Recuerdo como secuestraron a todos los pasajeros de un avión, pues en él iba la mamá de una compañera y amiga. Recuerdo que el bus del colegio era seguido por varios escoltas, que se sumaban a nuestra caravana en la casa de cada niño o niña de los que llamaban secuestrables. Recuerdo los carros-bomba, y los buses incendiados. Recuerdo del temor de viajar entre ciudades en bus, temor el cual aún siento cuando me paran en un bus por estos días, pero lo enfrento recordándome que es un producto de mi imaginación; un remanente de aquellos días de mi niñez. Recuerdo cuando las pescas milagrosas no eran un juego de las piñatas, y recuerdo cuando una vacuna no era algo para garantizar no enfermarse.
Recuerdo que en el colegio hablábamos del conflicto, durante las clases de Ciencias Sociales. Recuerdo que nos preocupaba que al ser tan dura la realidad de la guerra colombiana, parecía que íbamos perdiendo sensibilidad ante la crudeza del conflicto. Recuerdo que esta es una guerra que arrancó en los años 40s, presumiblemente financiada por las diferencias ideológicas que originaron la segunda guerra mundial, pero que yo soy muy joven para recordar, y nuestros padres son muy jóvenes para recordar, y que los abuelos tal vez sean muy viejos para recordar.
Ahora que estamos en este momento de recordar, les voy a contar una historia. Existe en Colombia un pueblo llamado Bojayá. Un día, como cualquier otro, este pueblo fue atacado por la guerrilla. Mientras los jóvenes, mujeres y ancianos del pueblo se encontraban refugiados en la iglesia, la guerrilla atacó directamente la iglesia con un cilindro de gas, en aquella época que estos no eran solo un elemento que se transportaba en camionetas, para que la gente pudiera cocinar. Nadie de los mas de cien en esa iglesia sobrevivió. Esto fue en mayo del 2002, tres meses antes que nuestro actual presidente tomara el poder.
Esta historia y estos recuerdos no los cuento para decir que Uribe ha mejorado el tema de seguridad. Lo cuento, es para recordarnos que eventos como este son cosas que suceden en la guerra, no un resultado de las políticas del gobierno, ni del gasto en defensa, ni algo que recién ahora estamos viviendo. Son cosas que pasaron, y que aun pasan. Pero ahora cuando pasan, nos duelen más, porque no suceden todos los días. Al menos esa sensibilidad que temíamos que se estaba perdiendo cuando estaba creciendo, la hemos recuperado. Pero no olvidemos lo que hemos vivido, ni dejemos que lo que hemos sacrificado, sea en vano. No dejemos que la sensibilidad recuperada se convierta en olvido, y menospreciemos la reducción en los temores que hemos tenido. No podría asegurar que alguno de los candidatos lo vaya a echar al traste, pero si existe alguna duda, por pequeña que sea, no podemos arriesgarnos a echar para atrás.
